<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Elidio La Torre Lagares &#187; Reseñas</title>
	<atom:link href="http://www.elidiolatorre.com/escritor/category/resenas/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.elidiolatorre.com/escritor</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Fri, 22 May 2009 00:49:08 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.9.2</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>El tiempo discontinuo</title>
		<link>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/el-tiempo-discontinuo/</link>
		<comments>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/el-tiempo-discontinuo/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 22 May 2009 00:49:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[poesía. vicios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.elidiolatorre.com/escritor/?p=44</guid>
		<description><![CDATA[“Me gustó mucho que la imagen poética era creada con la intención de reparar una discontinuidad en el tiempo. Nos lleva a un intento de superar esa discontinuidad, y por eso siento que éste es el primer poemario donde la mayor parte de los poemas son serios”, establece el lirista de “Embudo: poemas de fin de siglo” (1994), y “Cuerpos sin sombras” (1998).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El poemario se titulaba “Óbito”, era extenso y paródico. Pero cuando se enteró de la probabilidad de que su progenitora falleciera antes de ver ese texto en circulación, Elidio La Torre se vio obligado a adelantar su alumbramiento, con todo y los “Vicios de construcción” que aún le pudieran haber quedado al tomo así titulado.</p>
<p>“Recibo la noticia de que a mi mamá le habían detectado cáncer y de ahí es que sale el primer poema (‘Visitaciones de la muerte’). Yo quería que el libro lo viera ella y afortunadamente lo vio”, relata el editor del sello Terranova, responsable de la publicación del volumen.</p>
<p><span id="more-44"></span>De otra manera, el producto hubiera sido muy diferente al que se estuvo presentando en varias librerías Borders esta semana. Elidio es su propio editor.</p>
<p>“Corté mucho del material. Empezaron a salir poemas con una madurez, con un lenguaje poético de la memoria, con una mirada de cómo hacer las paces con todo lo que uno ha vivido, lo bueno y lo malo”, cuenta el socio de Ana Ivelisse Feliciano.</p>
<p>La única persona que tuvo acceso a ese proceso, confiesa, fue el crítico Julio Ortega. Este peruano leyó las piezas literarias y determinó que “hacía falta una urgencia, no necesariamente de publicarlo”, narra Elidio La Torre.</p>
<p>“Lamentablemente, esa urgencia fue el cáncer de mi madre”.</p>
<p>El proceso de abandonar la parodia, no obstante, ya estaba en progreso, pues los poetas de principios de siglo 20 cuya visión de mundo quería abarcar desde una perspectiva irónica, “habían calado demasiado” en él.</p>
<p>“Iban allanando el terreno de lo mío y terminaron siendo fantasmas”, como la figura de Wallace Stevens en “Trece manera de pensar la noche” (“Thirteen Ways of Looking at a Blackbird”).</p>
<p>“Me gustó mucho que la imagen poética era creada con la intención de reparar una discontinuidad en el tiempo. Nos lleva a un intento de superar esa discontinuidad, y por eso siento que éste es el primer poemario donde la mayor parte de los poemas son serios”, establece el lirista de “Embudo: poemas de fin de siglo” (1994), y “Cuerpos sin sombras” (1998).</p>
<p>Elidio La Torre Lagares se encuentra escribiendo su tercera novela. Aunque dice que no le gusta adelantar detalles sobre trabajos sin finalizar, celebra la libertad de poder darse el lujo de que ésta sea larga, “como las de antes, de 200 o 300 páginas”.</p>
<p>Tampoco tiene reparos en revelar el título, “San Juan Sour”.</p>
<p>“Tiene esa cosa bien extraña de nuestra generación, la X, que ya estamos llegando a los 40, que nos ponemos viejos sin lamentarnos por eso”, detalla.</p>
<p>Asegura que su madre se encuentra fuera de peligro.</p>
<p>Por Hector Aponte Alequín, periodista de Primera Hora<br />
(Nota rescatada en el siquiente enlace: <a href="http://www.primerahora.com/noticia/otros_asi/espectaculos_asi/en_tiempo_discontinuo/159149">http://www.primerahora.com/noticia/otros_asi/espectaculos_asi/en_tiempo_discontinuo/159149</a>)</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/el-tiempo-discontinuo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Notas al margen de una novela (Gracia)</title>
		<link>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/notas-al-margen-de-una-novela-gracia/</link>
		<comments>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/notas-al-margen-de-una-novela-gracia/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 22 May 2009 00:23:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[gracia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.elidiolatorre.com/escritor/?p=38</guid>
		<description><![CDATA[En Gracia se desarrolla un juego con múltiples remedos del lenguaje de las religiones finalistas, las ideoreligiones populares y el marco conceptual extático.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Gracia </strong>(2004), novela de Elidio La Torre Lagares, manufactura una fábula social y política del Puerto Rico de principios del siglo 21 centrada en la conflictividad entre Sam Eagle y Patria. El erotismo y la violencia sádica matizan la relación erótica hasta que la ruptura, ocurrida tras la experimentación de Patria con la droga de moda ve a dios. El acontecimiento puede leerse como un ritual de paso hacia un cosmos desconocido y por ello deseado. El acto resulta liberador y peligroso por el tipo de reto que representa para la autoridad de Sam Eagle y el misterioso Tío G. Pero el episodio también puede leerse como una reconstrucción del reto de Eva a la autoridad divina en el juego de la tentación y la seducción. Los paralelismos entre gracia y el soma en la novela de Aldous Huxley, Un mundo feliz (1932) no pueden ser pasados por alto.</p>
<p>El bajo mundo del narcotráfico y los espacios de lavado de dinero expresan la voluntad de La Torre Lagares de actualizar la narrativa puertorriqueña a la luz de su lectura del film noir y el pulp fiction. La recuperación de ese tipo de recursos genera una estética retro que celebra la violencia y da un giro peculiar a la obra de este escritor. En gran medida se trata de una reescritura del lenguaje de los narradores de la tradición de la Beat Generation poco observada por la crítica hasta el presente. El personaje del Yonqui que aparece y desaparece a través del texto y que resulta ser el mítico Arcángel San Miguel que vuelve a combatir contra el demonio, recuerda al Yonqui de la conocida novela de homónima de William S. Burroughs de 1953.</p>
<p>Este tipo de escritura de la violencia remite el thriller literario en la tradición del Paul Auster de la “Trilogía de Nueva York” o el Ian McEwan de El placer del viajero (1981) una pieza maestra de la “Nueva Novela inglesa.” En cierto modo la experiencia del recurso a la violencia marca una pauta que ya se había hecho notable en la literatura de ciencia ficción posterior a los años 1980 en el resto de América y que rompre con la tradición del boom y de la generación de 1970 en el país.</p>
<p>En Gracia se desarrolla un juego con múltiples remedos del lenguaje de las religiones finalistas, las ideoreligiones populares y el marco conceptual extático. El procedimiento es notable tanto en los capítulos en que se ofrecen los antecedentes del alucinógeno, como al momento de reconstruir los efectos de la poderosa droga controlada por el Tío G. también conocido como “El profeta.” El hecho de que el lenguaje utilizado para crear la impresión del éxtasis sea una representación paródica y caricaturesca del que usan ciertas ideoreligiones populares en la New Age, representa un comentario del presente en el cual esos sistemas imaginarios se han popularizado.</p>
<p>La novela está salpicada de una serie de apostillas sobre un orden social en crisis. El peso que tiene la terrible experiencia de Sam en Vietnam o el fracaso de los proyectos de Abel Pesares, estudiante de literatura que termina escribiendo esquelas funerarias son dos modelos de ello. La novela delata situaciones polémicas tales como las narco-guerras y la utilización del tráfico internacional de estupefacientes para el financiamiento de proyectos bélicos. No hay que olvidar el escándalo Irán-Contras de la época de Ronald Reagan, el asunto del opio en el mundo afgano previo y posterior a los talibanes la relación de la amapola y las luchas armadas en Colombia. La droga gracia representa una garantía para el flujo de dinero que los estados y las organizaciones violentas aprovechan a la hora de adelantar sus causas particulares.</p>
<p>El balance entre la lectura simbólica y la lectura política de <strong>Gracia </strong>y la internacionalización de un título puertorriqueño producto de un autor de nueva generación, representa un acontecimiento literario valioso para la nueva narrativa puertorriqueña.</p>
<p>Por: Mario R. Cancel</p>
<p>http://www.geocities.com/narrativa_puertorriquena/Tertulias_43.html</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/notas-al-margen-de-una-novela-gracia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Estamos hechos de pasado</title>
		<link>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/estamos-hechos-de-pasado/</link>
		<comments>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/estamos-hechos-de-pasado/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 22 May 2009 00:10:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[vicios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.elidiolatorre.com/escritor/?p=28</guid>
		<description><![CDATA[Dicen que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. No es cierto: Dios -afirman también- es perfecto, eterno. Nosotros tenemos defectos. En el alma y en el cuerpo. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>La muerte llega/ se sienta/ se sirve de mi whiskey/ enciende un cigarrillo/ te lo dije, Elidio La Torre Lagares, dice/ para alcanzarte no hacen falta brazos/ estás hecho de tierra, mar/ y olvido…<br />
Elidio La Torre Lagares </em></p>
<p>Dicen que Dios nos hizo a su imagen y semejanza. No es cierto: Dios -afirman también- es perfecto, eterno. Nosotros tenemos defectos. En el alma y en el cuerpo. Estamos llenos de abismos, nos ponemos viejos y algún día morimos. Son vicios de construcción… así venimos, sin posibilidad alguna de reclamo, condenados desde los planos, desde el vientre… y aun antes, por esas incongruencias que unos explican a través de la fe -con el endoso de sus dudas a Dios- y otros aceptan simplemente como parte del gran libreto de la Creación.</p>
<p><span id="more-28"></span>Pese a esa realidad incuestionable, pasamos la vida tratando de re-construirnos, de cincelarnos una memoria, de inventarnos una historia para poblarla de recuerdos, quehacer en el que la poesía es -para algunos- la piedra de toque para edificar esa noción de trascendencia, como lo ha sido para Elidio La Torre Lagares a través de sus Vicios de construcción, libro que acaba de publicar con la editorial Terranova y que fuese presentado el pasado viernes en la librería Borders de Plaza Las Américas.</p>
<p>¿Su génesis? El deseo supremo de escribir un poemario para él, con la intención fundamental de darse el placer, sin subordinarlo a otras consideraciones. “Quería regresar a la poesía, simplemente”, dice Elidio mientras se echa hacia atrás el sombrero de ala corta que parece haberle hurtado al hombre del paraguas de Magritte que observa Hato Rey desde la portada del libro. “Para mí, la poesía es lo más cercano a la evocación de la memoria… un camino en dos sentidos y lo que mejor nos acerca a la manera de explicar el mundo. El lenguaje nombra algo para poder reconocerlo y yo, con la poesía, intento hacer lo mismo y recobrar esa memoria de la realidad que se va deshaciendo en el camino”.</p>
<p>“Vicios de construcción es un poemario de madurez, un libro que nació de manera consciente… es también un poemario enteramente mío&#8230; en esencia, quería un poemario que me complaciera  primero a mí”.</p>
<p>Con un quehacer como escritor que sigue un cauce paralelo a sus oficios como editor (de Terranova) y profesor de literatura y de creación literaria, Elidio señala que al cabo de varios años de realizar estas tareas, se ha visto expuesto a infinidad de textos de otros y que de alguna manera eso ha afianzado su centro como poeta y narrador.</p>
<p>“Creo que ya puedo hablar de un proyecto literario con mis libros”, señala. “He aprendido a respetar la poesía en su valor mínimo, en su unidad, en la economía de palabras… siento que ahora me acerco a ella con una nueva vida. Vicios de construcción es un poemario de madurez, un libro que nació de manera consciente… es también un poemario enteramente mío, desprovisto de tendencias y sin haberlo subordinado a lo que puedan decir de él quienes lo lean. En esencia, quería un poemario que me complaciera primero a mí. Asimismo, en estos poemas admito mis influencias literarias, con un regreso a la poesía estadounidense de la primera parte del siglo XX. Dejé que esas lecturas afloraran, a pesar de que en el pasado me han acusado de que no soy muy hispanista en mis lecturas. No luché contra eso… hay un ejercicio de escritura, consciente de esa tradición”.</p>
<p><strong>Para salvar el abismo</strong></p>
<p>En lo que atañe a la entraña de los poemas que dan sustancia a Vicios de construcción, el autor apunta que en ellos hay un juego entre la vida, el amor, la memoria y la muerte, con una larga y constante reflexión sobre el pasado. “Hay quienes dicen que el pasado no existe y otros, como Saramago, afirman que el pasado es lo único que existe”, reflexiona el poeta. “Venimos de un proceso de formación que viene de lo que fuimos… estamos hechos de pasado y ahí es donde reside el valor de la memoria y de la imagen poética como evocación de esa memoria. Intento retratar la memoria en palabras y creo que ése es el sentido de este libro: la imagen como memoria y ésta como experiencia que nos define”.</p>
<p>Al aceptar que hay algo contradictorio en hacer una evocación que nace de la vida mientras que es la vida misma la que nos acerca a la muerte, Elidio recuerda a Lezama Lima, quien decía que “somos seres discontinuos en el tiempo y requerimos de la poesía para insertarnos de vuelta en ese tiempo, aunque sea temporalmente”. “Esa idea es la que nos hace salvar el abismo que existe entre lo que desconocemos y lo que intentamos y deseamos”, acota. “Este tipo de reflexión la hago en la poesía, nunca en la narrativa, donde sólo me ocupo de contar.”</p>
<p>Resulta evidente que la textura de Vicios de construcción es bastante coloquial, con un lenguaje sencillo y directo, sin la retórica ni el malabarismo verbal tan comunes en muchos de los poetas contemporáneos. En esencia, es una poesía muy rulfiana en cuanto a la simpleza y la economía del lenguaje. “Para mí, el ciclo se completa cuando el lector lee el poema y se siente en él de alguna manera”, asevera. “Cuando eso no sucede, para ese lector simplemente ahí no hubo poesía”.</p>
<p>En su origen, este libro estuvo concebido como una parodia de poemas canónicos de la literatura estadounidense, pero nada quedó de eso porque, poco a poco, las voces que dictaron sus poemas a Elidio convirtieron en simples fantasmas a aquellos poetas muertos.</p>
<p>Sin embargo, al libro le faltaba cierta urgencia -según aseguró al poeta el crítico peruano Julio Ortega- y no precisamente la de un plazo de publicación. La vida le dio a Elidio esa urgencia: la noticia de la enfermedad de Rosa María Lagares, su madre y a quien le dedica la obra. “Eso impregnó entonces el tono del libro y encontré unidad y una voz que me permitió establecer un diálogo con la muerte… la muerte siempre ha estado cerca de mí por diversas razones y siento que finalmente he podido hablar con ella de frente”, asevera.</p>
<p>Con “Óbito” como título original -descartado luego por ser un tanto “lúgubre”- el libro adquirió el que lo acompañará hasta el fin de los días a partir de una anécdota de Elidio con doña Gabina, su abuela materna -mujer sabia como sólo suelen serlo los abuelos- quien le regaló un paraguas para celebrar su ingreso a la universidad, con el consejo de que “nunca nadie debe andar sin uno porque nunca se sabe cuándo va a llover”. “Un día fui a visitarla y me senté en la sala… al rato comenzó a llover y del techo una gotera comenzó a caer sobre mi cabeza. ‘Siempre caen goteras en uno… son vicios de construcción’, me dijo. Esa frase se quedó conmigo y ahora es del libro”.</p>
<p><em>-Elidio, morimos porque tenemos “vicios de construcción”… en el ejercicio de escribir este libro. ¿te reconciliaste con la idea de la muerte y con la certeza de nuestra incuestionable finitud?</em><br />
-Sí… y la imagen de los vicios de construcción también tiene que ver con la construcción del “yo”, de los que somos con defectos y virtudes, con esos espacios de soledad, con amarse en una ciudad que te devora y que, a la vez, tú devoras en una relación medio sadomasoquista con ese cuerpo metafórico. Por lo que respecta a la muerte, creo que uno nunca está del todo preparado para eso, pero siento que ya la asumo como algo inevitable, como algo que va a llegar en algún momento. En este poemario miro hacia atrás, pero sin melancolía ni desconsuelo, sino como un reconocimiento de lo vivido y en un plan de reconciliación para seguir adelante y afrontar lo que cada día traiga.</p>
<p>El libro concluye con una “sentida nota de duelo”:</p>
<p style="text-align: center;"><em>Ha fallecido sentado entre sus poemas<br />
Elidio La Torre Lagares<br />
(1965-1987; 1987-1991; 1991-1996; 1996-2007)<br />
Le sobreviven su esposa Ana Ivelisse,<br />
su hija Sophia Angélica<br />
y unos cuantos versos inconclusos.<br />
El amigo Elidio será cremado y esparcido en el aire,<br />
donde siempre vivió, de todas formas.<br />
De sus amigos, sólo quedo yo, R.J.,<br />
a quien el fenecido ha visitado<br />
a pocas horas de su deceso,<br />
y me ha encomendado informarles<br />
que, aunque se ha ido,<br />
lo encontrarán en la tierra que pisan;<br />
o para comunicación directa,<br />
busquen en el destello que se asoma como estrella lejana,<br />
ahí, entre las palmeras de pestañas en la mirada de su hija.<br />
</em></p>
<p><a href="http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/cultura/noticias/estamos_hechos_de_pasado…/364388">http://www.elnuevodia.com/diario/noticia/cultura/noticias/estamos_hechos_de_pasado…/364388</a></p>
<p>Por:  Mario Alegre Barrios, periodista de Cultura de El Nuevo Día, San Juan, PR</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/estamos-hechos-de-pasado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Comentario sobre Vicios de Construcción</title>
		<link>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/comentario-sobre-vicios-de-construccion/</link>
		<comments>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/comentario-sobre-vicios-de-construccion/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 21 May 2009 20:37:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[poemarios]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[vicios]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.elidiolatorre.com/escritor/?p=13</guid>
		<description><![CDATA[Vicios de construcción recala en las inconstancias, la fragilidad, las ansiedades, las contingencias que suelen conmover al género humano. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Vicios de construcción</strong> recala en las inconstancias, la fragilidad, las ansiedades, las contingencias que suelen conmover al género humano. El vicio delinea el sendero existencial que se bifurca hacia la corporeidad y lo incorpóreo.  La primera encauza nuestras aflicciones y nuestro ánimo depredador. La segunda nos vincula con el orden natural, con la inteligencia superior que habilita el líquido amniótico. Lo que se denomina “alma” nos  armoniza con la naturaleza que destruimos cada segundo del día.</p>
<p><span id="more-13"></span>¿Cuándo fue la última vez que vimos una mariposa?  En muchas partes del territorio nacional esta grácil criatura habita el mundo platónico de las ideas. Dios sonríe. A cada quien lo suyo.  Vosotros también morareis en la evanescencia de la memoria. Elidio La Torre Lagares se empeña en que no lo olvidemos.  La voz de su poema inicial nos interpela con el mismo desparpajo que exuda Hamlet.  ¿Y qué me importa a mí esa quintaesencia de polvo?, se pregunta retóricamente el malhadado príncipe.  La muerte, burlona me la imagino, se apropia de la cotidianidad del poeta adjunteño. “Para alcanzarte”, le dice, “no hacen falta brazos”.</p>
<p>Perfectamente consistente, entonces, que los hijos de Pedro Páramo deambulen entre nosotros.  “[Es] improbable”, se nos dice en “sábado en el recinto sur”, que no tropecemos con algún fantasma”.  Este poemario conmina al desplazamiento ininterrumpido entre el ser y el no ser, entre lo palpable y lo etéreo. No hay fronteras; se desarticulan categorías formales.  La impresión, la desazón, la ruptura, pueblan estas páginas.  Buscamos certezas en vano.  No están.  Sólo podemos inhalar los fluidos premonitorios de nuestra decrepitud. <br />
 <br />
Esto no debe conducir a la desesperanza. Agradezcamos los quince minutos de fama a los que, según Andy Warhol, tenemos derecho. O como nos dice una de las voces poéticas: “…demos la cuenta por cerrada, pero sin aflicciones:/aún a las flores muertas/les sobrevive el fantasma de su perfume”.   Don Miguel de Unamuno hubiese asentido. El filósofo podría haber hecho suyos los versos de “quiebra”: “…podríamos invertir promesas/para solventar el desbalance de ausencias…”</p>
<p>De la tozudez del albedrío se trata, de circunstancias sinuosas que socavan nuestra determinación se trata, de la desesperanza que inflige la elusividad de la utopía se trata. Después de todo, se nos dice en “carne movediza”, que la cotidianidad nos impele sobre “un presente puesto a tientas”. Imposible asir la brújula del tiempo. La voz de este poema admite su derrota: “sílabas líquidas/poemas partidos/se hunden en mi mano”.</p>
<p>Recuerdo las palabras del aventurero británico en la inmortal novela corta de Joseph Conrad, Heart of Darkness. El horror, el horror, susurra un moribundo Kurtz. En “hacer las paces” se abomina de esta abstracción. La especificidad, por el contrario, decanta un típico momento de terror de Lovecraft o de Poe. Nos ubica en tiempo y espacio, o en el cronotopo, al decir de Bajtín. No. No es literatura. Es la vida, es la barbarie que pulsa en nuestro ánimo de minuto a minuto. El hecho concreto desconcierta, entenebrece con una contundencia inalcanzable por la imaginación. Son los cientos de miles de muertos en Irak que parecen converger en dos estremecedoras líneas: “quisiera  mirarte/pero me he arrancado los ojos”.</p>
<p>La homogeneidad, implica Julia Kristeva, destila inercia, complacencia; la alteridad, por el contrario causa desasosiego – una pieza social resiste el espacio asignado, contraviene la cartografía social para trazar su propio camino, edificar su propio esquema mental. Fragmenta la tradición para inscribir no solamente un momento de interlocución contestataria, sino también para fundar una nueva memoria social. Y es que la resistencia  mueve las pesadas ruedas de la tradición. En “poema en grafito para Basquiat”, el sujeto poético afirma que Basquiat “…gira los platos de Dios/en el callejón de los destinos”.</p>
<p>Basquiat y el poeta se tienden la mano. La trasgresión artística que les hermana devela lo apócrifo, reclama respeto a la especificidad, revive la solidaridad, enuncia la pasión, se apropia de un espacio en la historia, desintegra el mantra del común denominador. Que los puntos de encuentro legítimos no sofocan la individualidad.</p>
<p>“La poesía es impostura” dice la voz de “loop”.  “Sólo soy una vieja que apostrofa” aduce la Matilde de René Marqués en Carnaval afuera, carnaval adentro luego de mostrarle al poder cómo se dirige un carnaval decoroso. Estos interlocutores pecan de modestos. Han dejado entrever el poder insospechado del gesto diferenciador. Conocemos la verdad. Un simple artefacto nos bastará para lidiar con las irregularidades que anegan nuestra cotidianidad. Como deja saber asertivamente el sujeto de uno de los poemas finales: “…la niebla, sedentaria, arropa la casa: mi A vuela no está, pero me dejó su paraguas”. Es lo único que necesitamos para conjurar los vicios de construcción. </p>
<p>Claridad: semana del 16 de abril de 2008.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.elidiolatorre.com/escritor/2009/05/comentario-sobre-vicios-de-construccion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
