La novela Gracia (2004) de Elidio La Torre Lagares ambienta un clima de ficcionalidad, crímenes, realidades y esperanzas. Recrea la historia de Abel Pesares, joven cuyo conflicto axiológico se entrecruza con la búsqueda de los asesinos de su amiga Magdalena. Droga, determinismo histórico, cultos religiosos y pesadillas constituyen algunos de los componentes que se hilvanan en sus páginas. El autor ilustra con minucia las tribulaciones de una sociedad del Caribe repleta de cortas epopeyas cotidianas. Hay episodios derivados del uso ilegal de la droga, de su efecto y de su imperiosa necesidad para un sector social. Aunque parece de sencilla lectura, la novela resulta ser una cábala literaria. Nos embarcamos en una lectura gótica, en la que se resaltan las intrigas, las suposiciones, las negociaciones, los secretos, los sortilegios; la acción, “thriller”, los elementos foto fílmicos, los misterios policiales y los cuestionamientos ontológicos.
¿Qué elementos contribuyen a pintar de tristeza la realidad puertorriqueña atrapada en el libro? Además de los problemas sociales ya mencionados, podríamos añadir un ingrediente adicional. Es tal el vacío, la indiferencia, la agresividad, que la gente se ha tomado incrédula, ha perdido la fe. Cuando Mercedes le habla a Sara de una tienda de baratijas en Adjuntas, Sara pone en duda su existencia. 'Tensaba que los 5 y 10 estaban pasados de moda" (149) y más adelante pregunta, con el mismo tono de incredulidad: - ¿Es exclusiva? - Sí. Exclusiva para los que creen - ¿Los que creen en qué? - Los que creen en ángeles y duendes. Los que creen. (pg. 149) Creer, esa aparenta ser la palabra mágica para recobrar la inocencia de la niñez y encontrarle de nuevo un sentido a la existencia. Por ello, Cristino e lsaac "creen en dioses, universos, escuchan voces en los árboles y ven unicomios que repican en el viento" (129). El narrador-protagonista de "Norte gris" cree en el poder de las estrellas.
SE TRATA de una droga que hacer ver a Dios. Se llama Gracia y es como un falso oasis en el infierno que se vuelve eje de un asesinato, una conspiración y un culto religioso, triángulo en el que intervienen Patria, Abel, Sam y la CIA. Se trata de la novela más reciente de Elidio La Torre Lagares, que será presentada el próximo jueves en la librería Borders de Plaza Las Américas a partir de las 7 de la noche. Este rito estará a cargo de Javier Avila.
La rápida sucesión de imágenes emula perfectamente el reporte policial de algún noticiario local. Jabí entabla una conversación con una mujer madura y de buenas carnes. De momento llegan unos ladrones, Mac y Toñi, asaltan a los presentes y, de paso, matan a dos personas. Esto no le quita el sueño a Mac ¡Sucede todo el tiempo en la televisión! dice.
Así comienza la odisea de este joven. Es llevado luego como rehén en su BMW y abandonado desnudo en la calle, lo que por supuesto se presta a las más insinuantes interpretaciones. Allí es arrestado y llevado a la cárcel, espacio cerrado, oscuro y frío donde se verá irremediablemente obligado a pernoctar con seres marginados, inadaptados y antisociales, con todo el estigma que estos términos cargan. Adictos, prostitutas, homosexuales, ladrones y asesinos rodean a Jabí, todos enlazados por una misma experiencia unificadora: la cárcel.
Gracia (2004), novela de Elidio La Torre Lagares, manufactura una fábula social y política del Puerto Rico de principios del siglo 21 centrada en la conflictividad entre Sam Eagle y Patria. El erotismo y la violencia sádica matizan la relación erótica hasta que la ruptura, ocurrida tras la experimentación de Patria con la droga de moda ve a dios. El acontecimiento puede leerse como un ritual de paso hacia un cosmos desconocido y por ello deseado. El acto resulta liberador y peligroso por el tipo de reto que representa para la autoridad de Sam Eagle y el misterioso Tío G. Pero el episodio también puede leerse como una reconstrucción del reto de Eva a la autoridad divina en el juego de la tentación y la seducción. Los paralelismos entre gracia y el soma en la novela de Aldous Huxley, Un mundo feliz (1932) no pueden ser pasados por alto.